Bailar con la gravedad: otra forma de organizar el cuerpo

En la práctica del movimiento, y particularmente en el yoga, no solo están en juego formas, alineaciones o músculos. Lo que aparece, de manera más sutil pero profundamente determinante, es cómo el cuerpo se organiza en relación con la gravedad, la percepción y el mundo.

Las llamadas cadenas musculares no son solo conjuntos de músculos que trabajan juntos. Son modos de organizar la experiencia corporal. Expresan una manera de estar: cómo nos sostenemos, cómo respondemos, cómo habitamos el espacio.

En ese sentido, el cuerpo puede relacionarse con la gravedad, al menos, de dos formas muy diferentes:

Por un lado, resistir la gravedad.
Sostener el eje a toda costa.
Evitar caer.
Activar constantemente la musculatura postural.

Aquí el cuerpo se organiza “desde atrás”:
la parte posterior toma protagonismo como sostén, como estructura, como acción que controla. Hay un tono que no se suelta, una vigilancia constante. El movimiento nace desde la idea de que hay que sostenerse frente a algo que tira hacia abajo. La gravedad aparece como una amenaza.

Por otro lado, existe la posibilidad de dialogar con la gravedad.
Ceder peso.
Dejar que la caída organice el movimiento.
Permitir que el tono se distribuya en lugar de concentrarse.

En esta organización, el cuerpo no lucha contra la gravedad, sino que la incluye. La caída no es un error, sino una información. El peso no es un problema, sino un recurso. Aparece otra inteligencia: una que no fuerza, sino que escucha.

Si miramos más profundamente, vemos que estas dos formas de organización también reflejan una relación entre la parte anterior y posterior del cuerpo.

La parte posterior, espalda, cadenas extensores, suele asociarse con el sostén, la estructura, la acción, el control. Es la que nos “mantiene en pie”, la que responde a los mandatos de erguirse, de no caer, de sostener.

La parte anterior, en cambio, está vinculada con los órganos, la respiración, la sensibilidad, la vulnerabilidad. Es un territorio más permeable, más receptivo, menos preparado para resistir y más disponible para sentir.

En muchas culturas occidentales, desde muy temprano aprendemos a organizarnos desde la resistencia:

“enderezate”
“no te caigas”
“sostené la postura”

Estas indicaciones no solo moldean la forma del cuerpo, sino también su tono, su disponibilidad, su manera de percibir. Se va configurando un cuerpo que confía más en el sostén que en la entrega, más en el control que en la escucha.

Así, ciertas cadenas musculares, sobre todo las posteriores, quedan sobreactivadas, mientras que otras, ligadas a la respiración, al soporte interno, a la relación con los órganos, quedan menos disponibles.

Pero cuando en la práctica empezamos a explorar otra relación con la gravedad, algo se reordena.

Al permitir el peso, aparece una organización más global.
Al dejar de sostener todo desde atrás, el eje ya no es una línea rígida, sino un equilibrio dinámico.
Al incluir la parte anterior, el movimiento se vuelve más respirado, más sensible, más vivo.

Las cadenas musculares dejan de ser estructuras fijas para convertirse en redes adaptativas, capaces de modular el tono según la situación. El sostén ya no depende de una contracción constante, sino de una distribución inteligente del esfuerzo.

Y entonces, la pregunta ya no es cómo sostener mejor la postura, sino:
¿desde dónde me estoy organizando para estar en el mundo?

Porque en última instancia, no se trata solo de moverse distinto.
Se trata de habitar el cuerpo de otra manera.

Una en la que el sostén no excluye la sensibilidad.
En la que la estructura no niega la vulnerabilidad.
En la que la gravedad deja de ser algo contra lo que luchar…
y se vuelve algo con lo que podemos, finalmente, bailar.





Comentarios

Entradas populares de este blog

HORARIOS

COMO SON LAS CLASES

Presencia Yoga - Yoga Online